A las 17.30, aún no del todo seguros de la victoria de nuestro candidato, llegamos a la Sede de Alianza País, en la concurrida Avenida Shyris, esta vez con la calle cortada por las elecciones.
Las gradas dispuestas en la Shyris están abarrotadas, y decidimos ubicarnos ahí mientras esperamos a nuestras amigas. El precio que tiene ser un apasionado por la Patria y por Correa es que se llega al lugar de celebración con demasiada antelación. Pero de esta manera pudimos disfrutar del lado de la fiesta más tranquilito, además con las dudas lógicas que seguía suscitando el escrutinio.
Una hora después llegaron Tiphaine, Anne Kristell y Nadege, y más tarde Camille e incluso nuestro camarada Edgar. Cada vez había más y más gente, y por lo tanto menos hueco para bailotear. Y es que Alianza País había montado un escenario con música de la campaña al principio, y luego con varios grupos que tocaron merengue, cumbia, salsa y reggaeton. Hasta el domingo, consideraba deleznable este estilo musical, especialmente por sus letras ofensivas a la mujer. Pero había ganado la izquierda, y por celebrarlo se celebraba hasta con reggaeton y su “Dale mamita, dale”.
Como dije en su momento, fue una celebración particular por la ausencia de alcohol. Es lo que marcaba la Ley Seca, si bien no os esconderé que había algún que otro vendedor ambulante de canelazos y vino dulce. Yo, como buen ecuatoriano de adopción, no bebí para respetar las reglas del buen votante, sabiendo que días más tardes celebraríamos la gran victoria.
Se respiraba euforia en Quito, porque a medida que pasaban las horas se disipaban los miedos de fraude, porque Ecuador no iba a tener a un tonto de Presidente (Muchos graffitis en la ciudad habían jugado con el segundo apellido de Noboa, por lo que en vez de Pontón, se convertía en un simpático Álvaro Noboa Tontón)
Correa estaba al llegar nos decían sin cesar, y para amenizar la espera un poquito de Juan Luis Guerra. La Shyris era un mosaico de banderas del Ecuador, pancartas de Correa… Yo me había puesto mi traje de gala: mi camiseta de Alianza País (cortesía de Iván Collantes) sujetando una pancartita de papel con la cara de Correa.

Tiphaine y Anne Kristell enarbolaban una bandera de Alianza País que habían robado al propietario de su departamento.
Correa seguía sin llegar, y por la pantalla gigante dispuesta veíamos que aún estaba respondiendo a los medios. Pero sabíamos que tarde o temprano llegaría, y la espera era por una vez dulce porque éramos conscientes de estar viviendo momentos únicos en nuestras vidas. Eran nuestras primeras elecciones en el continente, en mi caso la primera vez que podía cantar victoria en un proceso electoral…No cesaban de pasar aviones sobre nuestras cabezas, y es que el Aeropuerto de Quito está en plena ciudad, de hecho se rumorea que es de los aterrizajes más complejos (no temas Mamá, hasta ahora no ha habido ninguna tragedia). Era por lo tanto inevitable acompañar con la mirada el ruido estruendoroso que dejaba tras de sí el avión. Quizás mirábamos para verificar que era un avión comercial y no uno militar…
Tras cinco horas de espera, a cada uno le dolía lo que quería. En mi caso, las rodillas, Pauline la espalda, a otros los pies…Pero debíamos resistir, por fin íbamos a ver a Correa. Y llegó, tarde, a eso de las 22.00 pero llegó. No cesábamos de gritar, de corear su nombre. Había llegado con su mujer, la belga Anne Malherbe y sus dos hijas, pues su hijo más chico se había ido ya a la cama. Y no se me vaya a olvidar la madre, la madre de Correa, una de las protagonistas de la campaña que como dijo Rafael se la estaban rifando en Hollywood… Y es que Correa se mostró desde un principio muy bromista, tranquilo, como si no se hubiese dado cuenta aún de lo que había conseguido y de lo que le esperaba a partir de ahora. No dudó en coger el micrófono y cantar, con todos nosotros, algunos himnos de su campaña. Especialmente el último de ellos, aquél que mencionaba directamente a Noboa y que quizás convirtió a los indecisos en “Correistas”.
“No queremos ser,
lo que un rico quiera,
un pueblo de mendigos
en una hacienda bananera.
Sí queremos ser
una Patria digna
libre y soberana
por América Latina”
Tras este momento lúdico y de alta complicidad con el público presente, el nuevo Presidente del Ecuador se puso manos a la obra e inició un discurso estructurado y muy apropiado. Habló en nombre de los que le habían votado, de aquellos que habían votado Alianza País para frenar a la derecha, e incluso de los que no le habían votado. Reiteró que el desafío que propone debe ser tarea de todos los ciudadanos y no de sólo un hombre. Aunque no hiciese falta que lo hiciera, recordó sus ejes programáticos y su compromiso por cumplirlos. Agradeció a su equipo por el gran trabajo que habían realizado los últimos días de campaña, así como a su familia por soportarlo en estos momentos tan intensos.Hasta se pegó un bailoteo con su esposa…

Antes de irse, volvió a armarse de valor y con micrófono en mano lideró el cántico de Quito, de Guayaquil para que no haya malas interpretaciones, y un entrañable homenaje al Che a través de la mítica canción “Comandante” Hizo gala de su dominio del Quechua que emocionó a todos los presentes. Y es que la política vive de simbolismos, y hablar Quechua en el Ecuador es uno muy impactante. Ya dispuesto a irse, una tímida voz inquirió…”¿Y si cantamos el himno no más?. Todos nos reímos, y la mayoría con la mano en el corazón cantamos ese himno ecuatoriano tan pegadizo.
Se acabó el himno, se fue Correa, y nos fuimos nosotros, a casa tras comer algo
Ya en casa, Pauline y yo nos mirábamos incrédulos ante lo que acabábamos de vivir. Correa había ganado, Noboa saboreaba por tercera vez una derrota electoral…
El martes fuimos a celebrar como se debe la victoria en La Mariscal. Fue una celebración serena, de cerveza y discusión, que nos permitió llegar a la siguiente conclusión: desde que ganó Correa en noviembre 26, no ha llovido en Quito. Y eso, en periodo de lluvias, convierte en mítica la victoria del pueblo ecuatoriano.
El 15 de enero, Correa será oficialmente el Presidente del Ecuador. A partir de ahora reorientaremos el blog a otros menesteres. Decidimos dar una cobertura exhaustiva a estas elecciones porque no podía ser de otra manera. Al menos estas semanas tan intensas han confirmado que la política sigue siendo mi genuina preocupación. Aquí o allá, politólogo siempre serás…