Robo sin convicción.
Me tiré la mayor parte de mi vida idolatrando a aquellas heroicas víctimas que sufrían en algún momento de sus vidas un robo. La pérdida del objeto de valor quedaba claramente compensada por la sensación de ser protagonista por una vez de una historia épica e irrepetible.
Fue tan sólo en el Ecuador, ya con la friolera de 23 años de edad, donde sufrí mi primer gran robo. Los más fieles al blog recordarán seguro aquél lamentable episodio del trole.
En Senegal ya me han intentado robar varias veces. En concreto, y con lo de anteayer, tres. Pero nunca se han llevado nada. Por qué? Seguramente porque una cosa es robar y otra bien distinta es saber robar. La clave del asunto está en que la víctima no se percate del hurto. Aquí esta primera lección parece que no fue impartida. Las tentativas son TAN descaradas que uno se plantea si no podría tratarse de una performance…
Concretamente ayer tocaba la técnica pantalones. Consiste en que dos vendedores ambulantes se te acercan ofreciéndote en este caso si no mal recuerdo unas pulseras. Se colocan cada uno a un lado, y uno de ellos te agarra fuertemente el pantalón a la altura de la tibia diciéndote “c’est solide ein, c’est solide”. En estas tu te los intentas quitar de encima cuando el otro ya ha tenido tiempo de sobra para con su mano robarte lo que quería. Pero claro, uno tampoco es gilipollas y rápidamente verifica si le falta algo. Y lo curioso del tema es que estos dos atontados ni siquiera salieron corriendo, estaban ahí creyendo que no nos daríamos cuenta. Entonces empecé a gritar y ahí dejaron sutilmente el objeto robado-el móvil- en el suelo. Yo seguí exigiendo explicaciones y acordándome de su madre pero salieron a paso tortuga con la cabeza gacha. Y todo esto al ladito de un furgón-estafette de la policía.
De ahí el título del artículo. No tienen convicción ninguna, y probablemente sea por la censura que hace el Islam del robo. El senegalés siente una vergüenza enorme cuando es pillado in fraganti robando. La moral no impide que lo intenten, pero finalmente provoca que lo hagan dubitativos, sin determinación alguna.
Hasta ahora los que me han intentado robar acá son supuestos vendedores que en un principio se te acercan ofreciéndote algún producto. El gran problema es que en Senegal TODO dios es de alguna manera vendedor y cada día te encuentras con miles. Y como tampoco se trata de desconfiar las 24 horas del día…pues he decidido andar con las manicas en los bolsillos.
Hoy se vota la Constituyente en el Ecuador. Nuestros pensamientos están hoy volcados con esa patria altiva y soberana. Dale Correa!
Fue tan sólo en el Ecuador, ya con la friolera de 23 años de edad, donde sufrí mi primer gran robo. Los más fieles al blog recordarán seguro aquél lamentable episodio del trole.
En Senegal ya me han intentado robar varias veces. En concreto, y con lo de anteayer, tres. Pero nunca se han llevado nada. Por qué? Seguramente porque una cosa es robar y otra bien distinta es saber robar. La clave del asunto está en que la víctima no se percate del hurto. Aquí esta primera lección parece que no fue impartida. Las tentativas son TAN descaradas que uno se plantea si no podría tratarse de una performance…
Concretamente ayer tocaba la técnica pantalones. Consiste en que dos vendedores ambulantes se te acercan ofreciéndote en este caso si no mal recuerdo unas pulseras. Se colocan cada uno a un lado, y uno de ellos te agarra fuertemente el pantalón a la altura de la tibia diciéndote “c’est solide ein, c’est solide”. En estas tu te los intentas quitar de encima cuando el otro ya ha tenido tiempo de sobra para con su mano robarte lo que quería. Pero claro, uno tampoco es gilipollas y rápidamente verifica si le falta algo. Y lo curioso del tema es que estos dos atontados ni siquiera salieron corriendo, estaban ahí creyendo que no nos daríamos cuenta. Entonces empecé a gritar y ahí dejaron sutilmente el objeto robado-el móvil- en el suelo. Yo seguí exigiendo explicaciones y acordándome de su madre pero salieron a paso tortuga con la cabeza gacha. Y todo esto al ladito de un furgón-estafette de la policía.
De ahí el título del artículo. No tienen convicción ninguna, y probablemente sea por la censura que hace el Islam del robo. El senegalés siente una vergüenza enorme cuando es pillado in fraganti robando. La moral no impide que lo intenten, pero finalmente provoca que lo hagan dubitativos, sin determinación alguna.
Hasta ahora los que me han intentado robar acá son supuestos vendedores que en un principio se te acercan ofreciéndote algún producto. El gran problema es que en Senegal TODO dios es de alguna manera vendedor y cada día te encuentras con miles. Y como tampoco se trata de desconfiar las 24 horas del día…pues he decidido andar con las manicas en los bolsillos.
Hoy se vota la Constituyente en el Ecuador. Nuestros pensamientos están hoy volcados con esa patria altiva y soberana. Dale Correa!


0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home