Que siga la racha
Unos dirán que es la suerte del principiante. Los más optimistas que todo se reduce a una cuestión de talento.Otros que lo importante no es tanto ganar, sino perpetuarse ganando. Los más malvados que el ganar implica haber perdido lastimosamente tanto tiempo inutilmente...
El caso es que a mis consabidas (y no por ello menos épicas)victorias en el juego de cartas ecuatoriano “Cuarenta” y en el Bingo, puedo añadir un nuevo triunfo simpático como inesperado. Esta vez los testigos de mi arrolladora victoria fueron los humildes ciudadanos de Riobamba, bastión de las poblaciones indígenas de la Sierra ecuatoriana. Bueno, tanto como LOS ciudadanos de Riobamba...digamos que una selección de los mismos, un puñado de riobambeños...

Todo comenzó en mi último viaje laboral precisamente a Riobamba, acompañado de Pablo, Lautaro y Margarita. Tras una cena bien agradecida, decidimos irnos a tomar algo antes de finalizar la jornada. Lastimosamente, los bares estaban cerrados o por cerrar, y lo único que permanecía abierto era un...karaoke. No vayan a creerse nada raro, estamos hablando de una hora (las 23.00 h) donde por ley todo bar que se precie debería estar abierto.
El caso es que en un inicio tan sólo pretendíamos acompañar nuestra interesante conversación con un poco de ron. Pero claro, al ver ante nosotros la posibilidad de ser por unos segundos estrellas de la canción...

La tentación de la fama pudo con nosotros, y decidimos los cuatro participar. Era mi primera vez en un Karaoke, bueno, en un Karaoke profesional, porque ya en Granada, gracias a la política de talleres creativos, gozamos de innumerables noches de karaoke caseros.
El karaoke de Riobamba daba hasta puntuaciones, sobre 100. No me pregunten los criterios escogidos a la hora de calificar, los desconozco.
Margarita se atrevió con una más que correcta imitación de Celia Cruz y su “La vida es un Carnval”. Mérito el suyo pues fue la que rompió el hielo en el seno del grupo FAO, consiguiendo además una nota más que respetable. Si no recuerdo mal, un 93 sobre 100.
El honorable Lautaro fue el segundo en discordia. Decidió, tras sugerencia por mi parte, entonar el clásico “Yo soy aquel” del mítico Raphael. Su más que notable actuación se vio recompensada por un 94 sobre 100..
Como ven, la presión era cada vez mayor, especialmente para mí, aquejado de una laringitis ya famosa para los lectores del blog...
Pablo nos sorprendió a todos con una soberbia participación. Escogió una canción de Maná, que por desgracia no recuerdo el título. Su puntuación hizo estragos en la sala: un 99.
Y aquí llegaba mi turno. Para la ocasión opté por lucirme con el “Por qué te vas” de Jeannette, canción de la que por cierto oí hablar por vez primera gracias a mi primo Julien, hace ya demasiado tiempo...
Y bueno, sí, me arrancé un inesperado 100. Eso implica, además de una dosis ajustada de orgullo ilimitado, que mi nombre figurará durante un cierto tiempo en el Karaoke de Riobamba. Y es que, cada vez que se pone una canción, se presenta el “top five”, esto es, los cinco mejores resultados con a un lado el nombre del autor de la gesta. Y ahí estaba yo, deletreando mi nombre francés.
No puedo esconder, como ya se pueden oler los que mejor me conocen, que mi actuación no buscó ser una reproducción fidedigna de la original. Ni tampoco busqué evitar los “fracasos de voz” ni nada de los tecnicismos que asumen conocer los “operaciones triunfitos”. No, lo mío fue más bien una plasmación de los distintos registros de voz que puede tener un participante desesperado en un Karaoke, y una demostración de mi tendencia a hacer el ganso. Pero conquisté al jurado más técnico e impasivo al que me enfrenté jamás, y sigue la flor de las victorias como quien dice.
Desde luego, mi victoria más anhelada llegará el día en que consiga un sueldo. Y de verdad, por como pintan las cosas, me está resultando más fácil triunfar en el oscuro mundo de la ludopatía y el ocio que lo que en un principio parecía más sencillo: Cobrar por trabajar.
El caso es que a mis consabidas (y no por ello menos épicas)victorias en el juego de cartas ecuatoriano “Cuarenta” y en el Bingo, puedo añadir un nuevo triunfo simpático como inesperado. Esta vez los testigos de mi arrolladora victoria fueron los humildes ciudadanos de Riobamba, bastión de las poblaciones indígenas de la Sierra ecuatoriana. Bueno, tanto como LOS ciudadanos de Riobamba...digamos que una selección de los mismos, un puñado de riobambeños...

Todo comenzó en mi último viaje laboral precisamente a Riobamba, acompañado de Pablo, Lautaro y Margarita. Tras una cena bien agradecida, decidimos irnos a tomar algo antes de finalizar la jornada. Lastimosamente, los bares estaban cerrados o por cerrar, y lo único que permanecía abierto era un...karaoke. No vayan a creerse nada raro, estamos hablando de una hora (las 23.00 h) donde por ley todo bar que se precie debería estar abierto.
El caso es que en un inicio tan sólo pretendíamos acompañar nuestra interesante conversación con un poco de ron. Pero claro, al ver ante nosotros la posibilidad de ser por unos segundos estrellas de la canción...

La tentación de la fama pudo con nosotros, y decidimos los cuatro participar. Era mi primera vez en un Karaoke, bueno, en un Karaoke profesional, porque ya en Granada, gracias a la política de talleres creativos, gozamos de innumerables noches de karaoke caseros.
El karaoke de Riobamba daba hasta puntuaciones, sobre 100. No me pregunten los criterios escogidos a la hora de calificar, los desconozco.
Margarita se atrevió con una más que correcta imitación de Celia Cruz y su “La vida es un Carnval”. Mérito el suyo pues fue la que rompió el hielo en el seno del grupo FAO, consiguiendo además una nota más que respetable. Si no recuerdo mal, un 93 sobre 100.
El honorable Lautaro fue el segundo en discordia. Decidió, tras sugerencia por mi parte, entonar el clásico “Yo soy aquel” del mítico Raphael. Su más que notable actuación se vio recompensada por un 94 sobre 100..
Como ven, la presión era cada vez mayor, especialmente para mí, aquejado de una laringitis ya famosa para los lectores del blog...
Pablo nos sorprendió a todos con una soberbia participación. Escogió una canción de Maná, que por desgracia no recuerdo el título. Su puntuación hizo estragos en la sala: un 99.
Y aquí llegaba mi turno. Para la ocasión opté por lucirme con el “Por qué te vas” de Jeannette, canción de la que por cierto oí hablar por vez primera gracias a mi primo Julien, hace ya demasiado tiempo...
Y bueno, sí, me arrancé un inesperado 100. Eso implica, además de una dosis ajustada de orgullo ilimitado, que mi nombre figurará durante un cierto tiempo en el Karaoke de Riobamba. Y es que, cada vez que se pone una canción, se presenta el “top five”, esto es, los cinco mejores resultados con a un lado el nombre del autor de la gesta. Y ahí estaba yo, deletreando mi nombre francés.
No puedo esconder, como ya se pueden oler los que mejor me conocen, que mi actuación no buscó ser una reproducción fidedigna de la original. Ni tampoco busqué evitar los “fracasos de voz” ni nada de los tecnicismos que asumen conocer los “operaciones triunfitos”. No, lo mío fue más bien una plasmación de los distintos registros de voz que puede tener un participante desesperado en un Karaoke, y una demostración de mi tendencia a hacer el ganso. Pero conquisté al jurado más técnico e impasivo al que me enfrenté jamás, y sigue la flor de las victorias como quien dice.
Desde luego, mi victoria más anhelada llegará el día en que consiga un sueldo. Y de verdad, por como pintan las cosas, me está resultando más fácil triunfar en el oscuro mundo de la ludopatía y el ocio que lo que en un principio parecía más sencillo: Cobrar por trabajar.



