miércoles, marzo 21, 2007

Madrid no está tan mal

Y es que uno que es orihundo de Esplugues, y sin haber vivido nunca en capitales (Quito the first), no puede ver con buenos ojos los madriles.
Y sin embargo esta corta estancia me está agradando mucho, y además sirve y servirá para quebrar ciertos prejuicios que tenía de la capi. La gente es bien amable, si bien es cierto que he hablado más que todo con andaluces, gallegos...Según parece uno de cada seis habitantes de Madrid es extranjero...
Cuando me entra la moriña del Ecuador, me doy un paseo por nuestro barrio, la Prosperidad, que está repletito de latinos, especialmente dominicanos. Me comí incluso unos chifles hace unas semanas.
Ay ese Ecuador, debatiéndose a vida o muerte entre el cambio social y la prolongación de la decadencia moral. Dale Correa, dale a la Asamblea Constituyente, cueste lo que cueste, le cueste a quien le cueste. El futuro que merece el Ecuador no es otro que la Constituyente, así lo quiso el pueblo cuando votó por la lista 35...
Y volviendo a Madrid, el metro todo lo práctico que quieran, pero qué agobio estar ahí todo el día metido, me entra complejo de topo. Cada día hago tres líneas distintas para ir a mi curso, me lo conozco ya al dedillo, quién lo diría...
El curso muy bien, tras unas semanas demasiado teóricas hemos ido bajando a la realidad, a lo práctico, y siento que estoy aprendiendo bastante, que de eso se trataba.
Bueno os dejo porque estoy en un cyber. Sí, creo que el vecino se ha dado cuenta del chollo del wi fi y ha tenido que cerrar su ventana o directamente apagar el módem. En fin, lo bueno, si breve, dos veces bueno dicen.
Pues nada estimados lectores, tras semanas en silencio vuelve el blog, a ritmo impredecible pero vuelve, no tiene otro destino que seguir dando la lata.

domingo, marzo 04, 2007

This is the end, my only friend, the end...

Se acabó.

Más de seis meses han pasado desde que desembarcamos en Ecuador. Medio año que ha permitido afianzarme en el país y sentirme, a menudo, quiteño de adopción. Este país quedará grabado por siempre en mi retina, y eso que recalé acá por pura casualidad.

He vivido intensamente el devenir de este pueblo. Las elecciones fueron el punto culminante, con una victoria de Correa que da luz y esperanza a esta gente tan abandonada por su clase política.

Seis meses en una vida es ciertamente poco, pero las experiencias no pueden medirse sólo por una cuestión de tiempo. La emoción de vivir algo único me ha acompañado durante toda mi estancia. Me preguntan estos días si estoy triste de dejar lo que dejo. Y respondo a menudo, a veces sin la suficiente convicción, que no, que tristeza no es la palabra. Es difícil describir lo que siento, supongo que es un cúmulo de sentimientos encontrados. A día de hoy estimo que mi relación con el Ecuador ha terminado. Más que todo porque así fue como lo tenía previsto inicialmente, y ya se sabe lo cabezón y obtuso que soy cuando me lo propongo...(bueno, cuando no me lo propongo también, para qué engañarnos). Entiendo que otros destinos me esperan, nuevas aventuras por vivir y sufrir. Pero eso no quita que Ecuador, sea la primera, y como tal irrepetible e inimitable.

En Agosto 2006, semanas antes de mi marchar, afirmaba que éste sería un viaje iniciático. En sí el término no existe, pero por aquél entonces no encontré otro que describiese mejor lo que se me venía encima. Era un viaje que debía confirmar muchas cosas, entre otras cosas mi vocación por la cooperación y el desarrollo.

Seis meses después afirmo sin tapujos que estas dudas no se han despejado, y es que eso no podía ser mérito del Ecuador. Las dudas me acompañarán mientras siga existiendo, y son mis dudas y la incertidumbre las que hoy me empujan a mirar hacia delante. El vacío existencial es la vereda por recorrer. Hoy, más que nunca, entiendo esa frase anual que mi hermana, mitad en broma mitad desesperada, lanza cada fin de año: “¿Y dónde estaremos el año que viene?”. Otrora me reía, hoy la hago mía.

Y no me queda más que despedir al Ecuador, raro es desde luego asumir que desde ya lo observaré de lejos, como espectador invitado.

Sólo me queda agradecer a aquell@s que me han hecho sentir acá como en casa. Un@s se fueron ya, otr@s quedarán por siempre y algun@s marcharán en breves.

Se tilda de chano al ser que vive en Quito sin ser quiteño. Para alguien que ha vivido en Canarias identificarse con este adjetivo no resulta sencillo. En todo caso me queda por buscar aquél adjetivo que pueda describir mi sensación actual: quiteño sin ser ni vivir ya en Quito.

P.D- Del vacío antes descrito hay que retener sobre todo el concepto y su simbolismo. Las etapas más inmediatas ya están definidas: Madrid y Calgary. Y este blog proseguirá en su esfuerzo de socializar mis experiencias, allá donde quieran que se den.