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Francia ya ha decidido los candidatos que lucharán encarnizadamente por el Elíseo. No podemos precisamente hablar de sorpresa. En todo caso, la gran sorpresa es la ausencia de sorpresas. Se esperaba algo distinto en estas elecciones: Le Pen subido al podium, el protegido de los medios Bayrou colándose en la segunda vuelta, Bové como referencia de la “gauche de la gauche”…
El análisis que puede y debe hacerse de esta convocatoria electoral es sencillo e inequívoco.
Por un lado destaca la concentración del voto, más comúnmente denominado voto útil, de la que se han beneficiado los grandes partidos tradicionales. En efecto, el UMP logra rebasar los 30 puntos de voto, un resultado realmente alto y que le coloca como claro favorito para el 6 de mayo. El PS, por su parte, logra casi un 26%, prácticamente diez puntos más que los conseguidos por Jospin el 21 de abril de 2002, fecha fatídica y de traumático recuerdo para la democracia francesa. Y l’UDF a través del protegido Bayrou recupera el prestigio que alcanzó y afianzó en tiempos de Valéry Giscard d’Estaing.
Esta concentración abrumadora del voto (entre estos tres partidos suman el 75% de los votos) afecta lógicamente al resto de partidos. En la izquierda, todos los partidos salvo la LCR ven disminuidos sus resultados respecto al 2002. En esta línea, especialmente significativo resulta la hecatombe de los Verdes y el pobre resultado del PCF, antaño verdadero partido de masas.
Explicado ya el por qué de esta concentración del voto, es menester considerar el quién. ¿De qué electores se ha nutrido Sarkozy para merecer un apoyo tan masivo? Rápidamente sale a relucir el descenso experimentado por Le Pen. Parece por lo tanto bastante obvio pensar que los electores dispersos y volátiles otrora de FN hayan visto saciadas sus expectativas con el candidato UMP más radical y conservador en la historia de la derecha liberal francesa. En esta ocasión, quien ha insistido más en los “problemas” de inseguridad ciudadana e inmigración, monotema de la extrema derecha europea, ha sido el húngaro Sarkozy.
Y también por la derechización del UMP se explica la eclosión del “centrista” Bayrou. Este candidato, según él predestinado como Jeanne D’Arc a liberar y liderar Francia, ha sido el hombre (más que el programa) elegido por la derecha francesa más liberal y moderada, que ve con miedo los deslices autoritarios y populistas del petit Nicolás.
La lectura que debe hacerse por lo tanto del bajón sufrido por FN no es precisamente optimista. Contrariamente a lo que se podría pensar, no ha decaído el fanatismo de extrema derecha, simplemente una parte considerable se ha cambiado de bando, a caballo ganador votando a Sarkozy. Si el problema en 2002 fue la presencia de Le Pen en la segunda vuelta, el problema hoy es que es el electorado de extrema derecha quien puede permitir a Sarkozy hacerse con la Presidencia.
El desafío del Partido Socialista en la primera vuelta era insistir en el voto útil acusando poco menos que a los votantes franceses de extrema izquierda de culpables de la presencia de Le Pen en la vuelta final en 2002. Logrado y con creces este objetivo, el siguiente, ya en una segunda vuelta que promete ser apasionante, será hacerse con los socialdemócratas desencantados con el PS en general y con Sego en particular que decidieron confiar en Bayrou. Tarea desde luego muchomás complicada que la de reunir los votos de la extrema izquierda. Y es que no podemos negarle a Bayrou el rol crucial que llevará a cabo en estas próximas semanas. 18% de votos es un manjar suficientemente atractivo como para establecer alianzas y promesas varias, por muchas renuncias que supongan.
En la izquierda, los resultados son pobres como esperados, a excepción de la Liga Comunista Revolucionaria, que a través de un discurso cada vez menos cargado ideológicamente logra simpatizar con una juventud bien poco politizada.
El sueño del rassemblement a la izquierda del PS- abortado en primera instancia por Besancenot- parece hoy una vieja quimera, aunque para las legislativas nada puede descartarse.
En definitiva, y si hubiese que evaluar los resultados de los partidos, el gran estrellado son Los Verdes. En un tiempo donde las referencias al ecologismo y al desarrollo sostenible son una constante en los programas de todos los partidos (recuerden el impacto del Pacto Ecológico de Nicolas Hulot), parece inviable, al menos en el Hexagone, la supervivencia de un partido que no aporta ya nada nuevo ni distinto.
Nada más, sólo queda esperar si Bayrou recomendará el voto para Segolène (con lo que demostraría que verdaderamente apuesta por un cambio político como aseguraba), para Sarkozy (traicionando así a sus electores demostrando que es un partido conservador y continuista) o si no lo recomendará (asumiendo implícitamente que el centro no es más que eso, ni izquierda ni derecha, ni fú ni fá).
Una última mención a la participación ciudadana, gracias a la cuál la abstención es sólo la cuarta fuerza política francesa. Como decía ayer Cohn Bendit, este ir a votar masivo no puede entenderse sin la gran movilización que mereció el Tratado Constitucional europeo. Ya os contaré, desde Dakar, qué dará de sí la segunda vuelta.