domingo, septiembre 30, 2007

Robo sin convicción.

Me tiré la mayor parte de mi vida idolatrando a aquellas heroicas víctimas que sufrían en algún momento de sus vidas un robo. La pérdida del objeto de valor quedaba claramente compensada por la sensación de ser protagonista por una vez de una historia épica e irrepetible.
Fue tan sólo en el Ecuador, ya con la friolera de 23 años de edad, donde sufrí mi primer gran robo. Los más fieles al blog recordarán seguro aquél lamentable episodio del trole.
En Senegal ya me han intentado robar varias veces. En concreto, y con lo de anteayer, tres. Pero nunca se han llevado nada. Por qué? Seguramente porque una cosa es robar y otra bien distinta es saber robar. La clave del asunto está en que la víctima no se percate del hurto. Aquí esta primera lección parece que no fue impartida. Las tentativas son TAN descaradas que uno se plantea si no podría tratarse de una performance…
Concretamente ayer tocaba la técnica pantalones. Consiste en que dos vendedores ambulantes se te acercan ofreciéndote en este caso si no mal recuerdo unas pulseras. Se colocan cada uno a un lado, y uno de ellos te agarra fuertemente el pantalón a la altura de la tibia diciéndote “c’est solide ein, c’est solide”. En estas tu te los intentas quitar de encima cuando el otro ya ha tenido tiempo de sobra para con su mano robarte lo que quería. Pero claro, uno tampoco es gilipollas y rápidamente verifica si le falta algo. Y lo curioso del tema es que estos dos atontados ni siquiera salieron corriendo, estaban ahí creyendo que no nos daríamos cuenta. Entonces empecé a gritar y ahí dejaron sutilmente el objeto robado-el móvil- en el suelo. Yo seguí exigiendo explicaciones y acordándome de su madre pero salieron a paso tortuga con la cabeza gacha. Y todo esto al ladito de un furgón-estafette de la policía.
De ahí el título del artículo. No tienen convicción ninguna, y probablemente sea por la censura que hace el Islam del robo. El senegalés siente una vergüenza enorme cuando es pillado in fraganti robando. La moral no impide que lo intenten, pero finalmente provoca que lo hagan dubitativos, sin determinación alguna.
Hasta ahora los que me han intentado robar acá son supuestos vendedores que en un principio se te acercan ofreciéndote algún producto. El gran problema es que en Senegal TODO dios es de alguna manera vendedor y cada día te encuentras con miles. Y como tampoco se trata de desconfiar las 24 horas del día…pues he decidido andar con las manicas en los bolsillos.

Hoy se vota la Constituyente en el Ecuador. Nuestros pensamientos están hoy volcados con esa patria altiva y soberana. Dale Correa!

sábado, septiembre 22, 2007

Dama Feebar


Lo que en Wollof equivale a « Estoy enfermo ». Bueno en realidad estoy compitiendo en las olimpiadas de las enfermedades. Desde que volví al Senegal, he cosechado ya tres enfermedades en una semana. Si alguien considera que se trata de un récord mundial incontestable, que por favor me lo haga saber por este medio, que los del Récord Guinness pagan que da gusto.
Todo empezó con un ritual como el tortícolis. Definitivamente, y más allá de la incidencia del aire acondicionado o de la incomodidad de intentar dormir en un avión, tengo problemas de cervicales. El primer tortícolis, quizás por su nombre tan particular (a mi me recordó siempre a los sabrosos tortellinis), no se olvida nunca. Recuerdo como si fuese ayer los intensos dolores a las cinco de la mañana, por aquél entonces en Marruecos, cuando tenía 12 años. Mi hermana rápidamente vino a salvarme, y aprovecho la ocasión para denunciar a los dormilones de mis padres que fueron incapaces de despertarse a pesar de mis gritos de guerra.
Recuerdo que permanecí tres días postrado en la cama, y que por culpa de ello me perdí un partido de fútbol con los de mi clase. El único partido que me perdí en mi etapa de joven seudo promesa del balompié. Bueno también me perdí el ritual de la ducha y comía y bebía a base de pajitas, pero no, realmente me molestaba más lo del fútbol…
Los tres días de sufrimiento engancharon con una laringitis que me hacía toser sin parar. La combinación tortícolis con necesidad de toser es bastante desagradable.
Por ventura en esta ocasión, mi segunda enfermedad de la semana, también problemas de garganta y fiebre, me pilló con el tortícolis completamente curado. Esta etapa insignificante por habitual, adquiere vital importancia por los intensos rumores (absolutamente infundados por mi hermana) de que había contraído el paludismo. Aprovecho la ocasión para manifestar que lo lógico es pillar el paludismo cuando se está por estos sitios. La preciosa ciencia de la estadística nos dice incluso que la norma es contraerlo el día en que uno deja definitivamente el país. Ya conocemos al menos tres casos…
Y tras dos días de sentirme pachucho encadeno con problemas de tripa. Según el médico que consulté en Las Palmas, y sobre todo a tenor de los análisis que me hice, mi aparato digestivo está en perfectas condiciones. Sin embargo yo sigo erre que erre con problemas de diarrea y dolores importantes. En su día un ilustrado mencionó problemas de colon, pero el mismo ilustrado (en concreto era un médico) fue incapaz de darme solución alguna. Ah sí, coma usted más despacio me dijo, lo cuál he de admitir que he cumplido más bien poco, o nada.
Me tranquilizó saber ayer que un amigo noruego tiene el mismo problema, esto es, problemas recurrentes pero perfecto estado según los análisis. Me tranquiliza porque los noruegos me inspiran confianza, no sé, no están en la UE y tal, pero a mi me sigue dando la sensación que los del Norte gestionan mejor sus vidas. Aunque luego estén todos borrachos y se suiciden, pero eso ya son pequeños detalles en una vida…
En fín, como ven nada grave estas enfermedades, pero sí lo suficientemente incómodas como para plantearse si es normal mi permanente estado de fragilidad.
Aunque al final, lo único positivo de esta situación es que acabas viviendo con relativa normalidad tu vida a pesar de los dantescos problemas de salud (sí, me estoy releyendo y hace falta darle un tinte más dramático). Por eso esta noche, ¡de farra como decían en Quito! ¡Salud Camaradas! (nunca mejor dicho…)

sábado, septiembre 15, 2007

Sweet Home Dakar

Volvemos al Senegal tras un corto break vacacional en Gran Canaria. Unas no sé yo si merecidas vacaciones, pero en todo caso que han venido muy bien para desconectar y reubicarme. Y conmigo vuelve el blog, marginado durante todo este tiempo. A ver cuánto nos dura…
El vuelo de ayer nada tuvo que ver con el de la ida, donde gracias a la RAM recorrí gran parte de mi añorado Marruecos. En esta ocasión Iberia nos dejó en Dakar en apenas dos horas de vuelo, como el que va a la tienda de la esquina a comprar el pan.
Los senegaleses se llevan su casa en las maletas. Es increíble la cantidad de equipaje que llevan. Supongo que la casa secundaria la llevan en los susodichos bagages a main, que en realidad requieren de cuatrocientas mains para poder ser transportados.
La tripulación de Iberia parece que se contagió del contexto del Ramadán porque nos ofreció una cena para pájaros: dos minisandwichs de queso y jamón. No, el manchego y el jabugo se fueron a otro avión, a nosotros nos cayó el pack este en lonchas que resulta siempre tan tentador en el Mercadona pero que una vez en casa sabe ligeramente a plástico. Bueno, también nos dieron un yogurt de fresa, ese que se hace con sangre de cochinilla para que tenga un color similar a la fresa. Color que de todas formas el colectivo daltónico es incapaz de reconocer por lo que podrían evitar la matanza de las cochinillas. Es un viejo debate, no le presten demasiada atención.
Y llegó el momento de pasar la aduana, y claro, me metí en la cola más lenta. La gente ya estaba sobada en su casa con sus maletas que a mí me quedaban todavía tres por delante para mostrar mi pasaporte. El mundo no le presta la menor atención a estas cosas, pero yo lo paso siempre fatal. Son décimas de segundo en las que debes escoger una fila u otra. Generalmente nos dejamos guiar por el número de individuos presentes en la cola. Pero a veces conviene más fijarse en la cara del tipo que sella los pasaportes… Aunque este escenario se da también en los bancos, los supermercados…Y siempre tienes la tentación de cambiar de fila y mandar todo a la mierda…
A pesar de haber escogido la mala fila, incomprensiblemente esperé una eternidad mi maletita. Me tranquilizó saber que los españoles que estaban a mi lado, hartos de la espera, temían que alguien se las hubiese llevado a escondidas. Me quité de un plumazo la sensación de estar siempre paranoico en las salas de recogida de las maletas. A veces estoy más pendiente del carro de los pasajeros que de la propia cinta.
Curiosamente en Dakar no me molesta perder tiempo en el aeropuerto. Porque al fin y al cabo es realmente acogedor, y salvo los “chariots, chariots” no te molesta ni Dios. Lo duro llega al salir, ahí te sientes Mike Jagger ante tanta gente que espera expectante tu desembarco. Las frases cortantes ya las has preparado mientras esperabas las maletas.
Lo que no había previsto era que un manco me tocase con sus muñones pidiéndome dinero. Ay cuánto echaba de menos la versión senegalesa del contacto humano!
Para negociar el taxi hay que saber mostrarse férreo. Dices un precio y ahí te quedas. Siempre hay uno que acaba cediendo y termina aceptándolo. Lo malo es que el que cede generalmente tiene el peor taxi del continente africano. Aunque en esta ocasión tampoco fue pa tanto, era uno de estos coches que sólo reacciona si lo empujas con vehemencia, y luego no vayas a pararte que ahí te quedas.
Llegamos a casa y ya se siente el calor africano. Terminé en pelotas guardando el salchichón, los fuets, los chorizos, el lomo, el jamón y los quesos en la nevera (se me olvidó el foie gras, mierdas). Duchita antes de ir a dormir pero…oh oh…vaya, nos han vuelto a cortar el agua. Sí, no queda duda, ya estoy de vuelta en Dakar.